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Ay, ay, que me voy!

Muchos hombres creen saber lo que necesita una mujer para tener un buen orgasmo antes de meterse con ella en la cama. Creen que por tener un buen pene (o un pene) y se hayan acostado con algunas mujeres que han satisfecho (o han fingido, vete tú a saber) te conocen y saben cómo hacerte bien el amor hasta el punto de la locura. ¿Pero se refieren a su locura masculina o a nuestra locura femenina?

Las antiguas reglas del sexo marcan que la mujer debe tener un orgasmo con el coito, es decir, se supone que la mujer debe tener el orgasmo por la realización del coito. Y  eso es porque al coito se le supone ser el  sinónimo de tener sexo. Primera revelación: El coito no es el sexo con mayúsculas, es una práctica más que puede darse o puede que no.

Cuando nos acostamos con un hombre está implícito que el hombre tiene derecho a recibir la excitación necesaria para obtener su orgasmo, y que parejo a  su orgasmo viene el de la mujer, o sea, se supone que lo normal es que la mujer tenga un orgasmo vaginal. Dicho de otra manera, lo que que se considera norma, lo esperado socialmente, es que el hombre no tenga que pedir lo que necesita para estimularse hasta el orgasmo; mientras que las mujeres deben pedir la estimulación “extra” que es considerada como algo “especial” sencillamente porque no está relacionada con el coito. De esta manera, algunos hombres para acercar su mano, su boca o algo al clítoris de su partenaire requieren solicitación formal de sus servicios. Si bien es cierto que que el servicio manual o bucal en nuestro clítoris suele ser atendido cuando los hombres quieren ponernos a tono, el botoncito del placer femenino es olvidado cuando el hombre está ensimismado en la obtención de su placer. Segunda revelación: Lo más grave es que la mujer también olvida que tiene una mano para tocarse o una voz para pedir lo que necesita.

Ante esta falta de coordinación hombre-mujer lo que puede suceder es que el hombre se corra y la mujer se quede como está, aunque si tiene dotes teatreras puede que finja el cacareado orgasmo. Veamos algunas razones aducidas por las mujeres para fingir un orgasmo:
-Porque está cansada y quiere que el hombre acabe ya.
-Porque quiere mucho a su hombre y aunque no la apetezca hacer el amor lo hace por él.
-Para no desmoronarle moralmente, herirle o hacer que se sienta insultado.
-Porque la da vergüenza decir lo que la excita de verdad.
-Porque está acostumbrada a no correrse.
-Porque no quiere dar o pedir explicaciones porque la da vergüenza.
-Porque cree que ella es frígida, fría o la cuesta mucho llegar al orgasmo.

Y ahora veamos algunas razones por las que si bien se critica el fingimiento en el fondo es aceptado culturalmente.
-Porque se dice que el sexo para la mujer es más emocional que genital.
-Porque el coito ya es suficientemente placentero para la mujer y no necesita correrse.
-Porque gracias a nuestros silencios de piedra se ha extendido el bulo de la frigidez  y la frialdad femenina o las dificultades femeninas para llegar al orgasmo.

La mujer como convidado de piedra es un papel, francamente, en decadencia. No en la práctica aunque sí en la teoría. Qué sentido tiene que una mujer finja un orgasmo cuando lo ha deseado. A ver si nos borramos las escenas peliculeras de la cabeza y comprendemos que las mujeres no tienen por qué tener los orgasmos cuando los tienen los hombres, y de hecho esta circunstancia se da en contadas ocasiones. Sin embargo, si a la mujer le gustan los juegos, no dice las cosas claras y se abstiene de comprometerse en el desarrollo de la relación sexual, es normal que ocurran esta serie de desencuentros. Si podemos verbalizar un poco como nos sentimos, entonces probablemente nos vaya mejor. Las mujeres que tienen miedo de decirle a un hombre cómo se siente son normalmente tímidas pero los hombres también pueden serlo. Si ambos se comportan como se supone que deben hacerlo pero no como a los dos les apetece (constreñidos por las pautas culturales) tendremos una relación sexual, sí, pero no satisfactoria de esas que ayudan a estrechar lazos.

Que no nos sorprenda entonces que los hombres consideren que somos difíciles de complacer. La liberación femenina no consiste en creer que a los hombres les gusta amarnos y abandonarnos. A nadie le gusta tener una sardina fría en la cama; no está bien ser reservada e imprevisible y luego quejarnos. La liberación consiste en que las mujeres entendamos nuestra sexualidad, se la dejemos conocer a nuestros hombres y la disfrutemos en la medida que deseemos. Ya acabaron los tiempos en que creíamos que los hombres debían ser siempre competentes, habilidosos y saberlo todo. Porque si no saben, ¿qué? ¿hemos de creer que son menos masculinos? Tercera revelación:  No podemos considerar a los hombres expertos respecto a algo que ni siquiera las mujeres controlamos del todo.

En resumen, muchos hombres están molestos porque no tenemos orgasmos con más frecuencia o con más facilidad durante la práctica del sexo y se preguntan por qué somos tan difíciles. Muchas mujeres se sienten frígidas, frías y alejan de sí la intención de tener sexo placentero porque ponerse en la situación última las pone de los nervios ante la disyuntiva de tener que fingir o sentirse mal ante la posibilidad de no llegar y tener que dar explicaciones. La cura contra esta enajenación de los sexos es sencilla: más estimulación clitoriadiana, quitarse de la cabeza que el coito es el sexo-sexo y borrar del diccionario la palabra preliminares.
Felices orgasmos, con o sin compañía.

Devotamente tuya,
Malachuca